Wednesday, January 30, 2008

Objetos


El mapuche interactúa con los objetos que produce en una permanente proximidad, en torno a las tareas que aseguran el mantenimiento o la renovación de la vida (1). Su actitud y accionar responde, en este sentido, al íntimo vínculo con la naturaleza. En un universo sin distancia -que no se nos arroja ante nuestros sentidos como el mundo articulado por occidente, el que se nos entrega desde la llegada de los españoles a la que denominarán América y del que son reflejos los objetos ejecutados por dicha civilización-, el hombre de la tierra realiza su vida en primer término aplicando el conocimiento y el trabajo. Avido observador distingue claramente los ciclos propios de las estaciones del año, leyendo los signos que permiten el adecuado crecimiento de las plantas y animales que le proveerán para su subsistencia; pudiendo controlar las fuerzas naturales mediante un esfuerzo físico y mental que se expresa por medio de un trabajo guiado por sus conocimientos y mediante su reflexión, como asimismo atendiendo al legado de sus antepasados y de su comunidad. Sin embargo, ha aprendido que a despecho de toda previsión y mucho más allá de sus esfuerzos hay agentes y fuerzas que pueden un año, conceder beneficios de fertilidad sin que hayan sido conquistados por la fatiga, según su fe se consigna que ha sido gracias a los designios de dioses, como Ngnechen dueño de la creación, quien puede procurar que todo marche mejor y más fácilmente, provocando que aparezcan en el momento justo el sol, la lluvia, etc., pero otros años los mismos agentes traen mala suerte y desventura, los persiguen desde el principio hasta el fin y obstaculizan sus esfuerzos más denodados y sus conocimientos mejor fundados. Para aplacar esas influencias, como las de los weküfe, demonios que enferman a las personas, lleva a cabo procesos rituales.
En todas estas operaciones con las que busca vincularse y controlar el mundo, los objetos que produce como extensiones de su sistema de creencias, emergen evidenciando una supremacía de lo táctil sobre lo visual, cuestión que puede distinguirse en los elementos que componen la misma ruka, casa, por la propia estructura de ésta
(2), y en los enseres y útiles que ella cobija, tal cual lo vemos en los tranatrapihue o morteros para el ají, siendo los de piedra "macizos, de contornos muy variables y de forma generalmente tosca, labrados en bloques que se asientan naturalmente sobre una base firme y presentan una cara superior adecuada para ser excavada por presión y frotamiento prolongado" (3), en el ñillawaca, recipiente de ubre de vaca, en el witrü, cuchara de madera, o en el kullkull, instrumento de viento fabricado con un cuerno de vacuno que lleva un corte en el extremo como embocadura y que es utilizado para hacer llamados, siendo su uso de carácter social. Preeminencia de lo táctil que igualmente se confirma en instrumentos utilizados en juegos como el palin o de la chueca, al elemento empleado en este juego se le llama weño, siendo un palo encorvado en su extremidad más gruesa con el cual golpean una pequeña pelota; o en celebraciones como el machitun, ceremonia de sanación, diagnóstico yo tratamiento de un enfermo, o en el nguillatun, rogativa comunitaria solemne que se realiza cada cierto tiempo, puede ser dos, cuatro o seis años, en ésta presenciamos el rewe, tronco descortezado del árbol de laurel (Laurelia sempervirens), maqui (Aristotelia chilensis) o canelo (Drimys winteri chilensis) -su árbol sagrado-, el que labrado con peldaños se entierra, sobre monedas de plata, como especie de símbolo representativo de una comunidad o sector, propiciándose desde su sólida estructura una comunión con las fuerzas benéficas,
Abundante o escasa la materia utilizada para tales objetos, que surgen mediante diestras operaciones técnicas imbuidas de un gesto manual ejecutado por medios más bien rudimentarios
(4), es moldeada a través de una pulsión que se traspone visualmente en huellas inmediatamente palpables en la sola contemplación de la cosa, como ocurre en la alfarería donde de la greda mezclada originalmente con polvo obtenido de la piedra llamada Öcu, vemos aparecer los metawe, cántaros o jarros para contener liquido, el ketru metawe, jarro pato utilizado con fines rituales (5), las challa u ollas, etc., o como vemos en los textiles, donde de la lana de oveja, hilada previamente con mucho cuidado y hasta hace unas décadas teñidas íntegramente con hierbas, como el relvún (Galium chilense), cuyo resultante era el color rojo, o el espino michay (Berberis linearifolia) que tiñe de amarillo, aparecen las mantas, chamales, frazadas, fajas para la cabeza (trarilonko) y para la cintura (trariwe), las que reflejan en los rastros de "imperfecciones" patentes en ellas, señas expresivas de vida, la del productor, que aún cuando reitera formas tradicionales (6) las marca con su impronta. Así las cosas (chemkdn), en cada caso se nos entregan en una profundidad que las hace aparecer como un abultamiento, promovido por un gesto que capta la fuerza de la materia, respondiéndole ésta en un ritmo acompasado. La mano hacedora -de la cual brotan en cestería el llepu, recipiente hecho de fibra de voqui (Lardizabala biternata) que sirve para estilar y servir cereales, como también el chünüwe,(7) cedazo de madera y cuero agujereado, o el sukill, colgante pectoral de plata-, aquí no es un instrumento, es más bien la extremidad por donde se prolonga la fuerza de la naturaleza, y que provoca el desbordamiento de la materia en un gesto que se nutre de los latidos profundos del cuerpo. Dándose que gesto y materia son en el objeto que encarna su unión, exactos contemporáneos, densidad que la estructura plástica del objeto confirma, y en el que las piezas múltiples que lo componen no exhiben una demarcación de sus articulaciones, tal cual acaece en el kultrung (8), instrumento de percusión consistente en una vasija de madera cubierta de cuero (de chivo, oveja o caballo), que cumple diversas funciones sociales. La más importante es servir a la machi, persona elegida por un espíritu superior para asumir en ceremonias de médico, tanto en lo físico como en lo psíquico y social.
Así, en todos los objetos, su construcción parece más vegetal que vertebrada, cada parte se abre hacia su vecina, entregándose como continuidad del entorno-ambiente al que pertenecen, en un compás donde ellos no se abstraen del mundo que lo rodea, sino que son su eco. Permaneciendo próximos al hombre, sin mostrarse frágiles ni sólidos.


Referencias Bibliográficas Consultadas:
A.A.V.V., Al cuidado de: Martino, Ernesto, Magia y Civilta, 1º; edición. Milán-Italia, Editado por Garzanti, s.f.
Bachelard, Gastón, La Poética del Espacio, 2º reimpresion argentina, Buenos Aires-Argentina, Editorial Fondo de Cultura Económica, 1991.
Coña, Pascual, Memorias de Un Cacique Mapuche. 2º edición, Santiago- Chile, Editorial dra-Instituto de Investigación en Reforma Agraria, abril de 1973.
Dillehay, Tom D.; Gordon, Américo, "El Simbolismo en el Ornitomorfismo Mapuche. La Mujer Casada y el Ketru Metawe, en: Actas del VII Congreso de Arqueología, Santiago-Chile, Editorial Kultrung, 1977.
Hernández S. Arturo; Ramos P., Nelly; Cárcamo Luna, Carlos, Diccionario Ilustrado, mapudungun, español, inglés, 1ª edición, Santiago-Chile, Editorial Pehuen, agosto de 1997.
Joseph, H. Claude, La Vivienda Araucana, 1º edición, Santiago-Chile. Ediciones Universidad de Chile, s.f.
Moles, Abraham y otros, Los Objetos ("Colección Comunicaciones"), Buenos Aires-Argentina, EditoriaI Tiempo Contemporáneo SA., 1971.
Lynda E Avendaño SantanaTeresa Canto Urra

Habitat


Chile se caracteriza por poseer una gran diversidad geográfica y climática a lo largo del territorio. Es necesario conocer esta característica al momento de estudiar los distintos grupos aborígenes que habitaron en el país. Esta diversidad, favoreció el desarrollo de grupos humanos cuya supervivencia se aseguró en el grado de adaptabilidad alcanzada en el paisaje y el clima. Sin embargo, los de mayor desarrollo cultural fueron aquellos que recibieron directa influencia incaica (norte de Chile) y los que se establecieron en sociedades sustentadas en la agricultura y la ganadería, actividad fomentada por los fértiles valles centrales. A esta realidad responde la cultura mapuche.
Se sabe que antes de la ocupación europea, la población mapuche se extendía entre la actual ciudad de Copiapó y el archipiélago de ChiIoé; sin embargo, a la llegada de los españoles, la población se concentra principalmente entre los ríos Bío-Bío y Toltén, existiendo al sur del último y hasta Chiloé, una zona con clara influencia cultural mapuche.
La denominación mapuche (gente de la tierra) designa a un grupo cultural y étnicamente idéntico, sin embargo esta unidad, responde a un concepto cultural y no político. Aunque las costumbres, lengua y características étnicas se repiten, la organización social se caracteriza por estar constituida por diversos lof (grupos de parientes consanguíneos que vivían agrupados en comunidades que obedecían a un solo Ionko o cacique), independientes entre sí y constituidos por quince a veinte familias aproximadamente, que mantienen particularidades locales. Esta dispersión se explica por la fuerte creencia mapuche en que la muerte no ocurre por motivos naturales, sino que es consecuencia de maleficios procurados por enemigos del difunto. Al ocurrir la muerte, la machi, comunicándose con los espíritus, descubría la identidad del culpable de los maleficios, el que muchas veces cobraba forma de ave o animal, lo que explicaba su inubicabilidad humana. Esto causaba constantes y repetidos enfrentamientos entre los lof, pues rara vez el maleficio provenía de la misma tribu. Estos lof a la vez, se agrupaban en tres zonas geográficas paralelas conocidas como butal-mapu. Estos se extendían vertical e imaginariamente entre el Bío-Bío y el Toltén, ordenándose según la topografía circundante: la zona correspondiente a la Cordillera de los Andes y sus faldeos, inapire- mapu (país subandino); el territorio de los valles intermedios, Ielfun-mapu (país llano); y las tierras comprendidas entre la Cordillera de la Costa y el Océano Pacífico, Iafquen-mapu (país marítimo).
Además de los butal-mapu, los mapuches distinguieron los diversos grupos humanos existentes en el territorio según su ubicación geográfica, llamando a las tribus del norte pikunches (gente del norte) y a las del sur huilliches (gente del sur), denominaciones que diferenciaban a los habitantes de las zonas comprendidas entre Copiapó y el Bío-Bío, y entre el Bío-Bío y Chiloé respectivamente. Estudios antropológicos estiman que, aunque hubo originalmente otros grupos humanos en estas regiones, los mapuches lograron imponer su cultura, esto se comprueba por la unidad lingüística, entre otros aspectos, presente en pehuenches, changos y tehuelches, quienes tienen como lengua madre el mapudungun o a variaciones de la misma.
Paula Carvajal Améstica
Bibliografía:

Tuesday, January 29, 2008

Las Joyas Mapuche



Los araucanos, que tanto se han señalado en el arte de la guerra y cuyo valor y hazañas militares no han sido superadas por pueblo alguno, han manifestado también sus aptitudes sorprendentes, en el cultivo de las artes manuales, decorativas e industriales, y especialmente en la fabricación de adornos y objetos de plata y confección de hermosos tejidos. Los ricos adornos que ostentan los mapuches en los días de fiesta y en sus idas a la ciudad vecina causan la admiración de los viajeros que recorren las ciudades del sur y las reducciones de Araucanía, y atraen siempre la mirada de los mismos indígenas. Los araucanos, como todos los primitivos tienen gran afición por los adornos brillantes y los colores vistosos. Antes de la conquista adornaban sus melenas con plumas de choroyes, de loicas, de carpinteros y otras aves, y fabricaban collares de piedrecitas y conchas de diversos colores. Aprendieron de los españoles el arte de trabajar los metales y se hicieron pronto hábiles en esta clase de trabajos. Trataron con mucha consideración a los prisioneros de guerra que ejercían la profesión de herreros por las ventajas que sacaban ellos en la confección de hachas, espadas, puntas de lanzas, martillos, clavos y otros objetos. Ellos mismos, empleados en los duros trabajos de las minas, manejaron herramientas de metal y conocieron su superioridad sobre la piedra y la madera.



LOS "LLOVEN"

Los mapuches llevaban antiguamente en la frente y enroscadas alrededor de los cabellos largas cintas de género o de cuero enteramente cubiertas de cupulitas de plata. A uno y otro lado de la cabeza pendían las extremidades de la faja plateada que se delataba en roseta a la altura de las orejas; enseguida colgaban frente a las mejillas varios tubos o cadenillas de plata terminados por campanillas cónicas

Para un «lloven» ordinario necesitan cerca de mil cupulitas. Las disponen en líneas sobre un cuero delgado o un trozo de género; les hacen un agujero de cada lado de la base y las fijan con un hilo resistente contra la faja. La costura, invisible por el lado superior, requiere una gran habilidad de parte del platero. El hilo atraviesa el cuero, penetra debajo de la cúpula, pasa por el agujero de la base hacia la cúpula vecina y penetra en ella por un agujero basal.
El hilo, vuelve a atravesar el cuero de sostén, permanece debajo en un espacio algo menor que el diámetro de la cúpula y penetra otra vez en ella a través del cuero; sale por la pared contigua a la cúpula siguiente, en la cual entra por la abertura basal situada enfrente de la de salida de la cúpula anterior. El hilo sigue el mismo trayecto para cada cúpula y la fija sólidamente a la faja de sostén.

LOS TRARILONCOS

Los trariloncos (de trari = atar y lonco = cabeza) son adornos muy antiguos con que los araucanos ciñen su cabezas a la altura de la frente. Los primitivos eran coronas tejidas con fibras vegetales entrelazadas con hojas, flores y plumas de hermosos colores. Actualmente, los trarilonco son cadenas planas de plata, de las cuales penden discos del mismo metal
son adornos muy antiguos con que los araucanos unen sus cabezas a la altura de la frente ... Algunos son llamados medallas por los mapuches, sin duda por la semejanza que tienen las medallas con los discos de plata, o por haber sido fabricado antiguamente ciertos trariloncos con las medallas que recibían de los misioneros"





Estas cadenas con sus discos colgantes miden de 60 a 70 centímetros de largo y pesan aproximadamente 300 gramos. Existe una gran variedad de estos adornos. Algunos son llamados medallas por los mapuches, sin duda por la semejanza que tienen las medallas con los discos de plata o por haber fabricado antiguamente ciertos trariloncos con las medallas que recibían de los misioneros. Los modernos tienen muchas veces monedas de veinte centavos colgadas a un pequeño anillo o agujereadas, en lugar de los discos antiguos. El número de discos o de monedas colgantes varía mucho en los trariloncos: los más sencillos tienen 20; los más ricos hasta 50; son comunes los de 24, 30, 36 y 40.


Las cadenas compuestas de dos clases de eslabones, son generalmente bien trabajadas. En todas aparecen aplicados el principio de repetición y alternación. No se debe buscar en ellas la abundancia ni la perfección de los detalles, sino la belleza y la originalidad de las formas. Los eslabones de orden par y los de orden impar son bien diferentes. Los impares, grandes y macizos de formas siempre elegantes constituyen uno de los elementos más decorativos del trarilonco. Los pares, siempre más sencillos, son anillos delgados y aplanados que tienen sólo un papel de unión; permanecen generalmente cerrados por una sutura. Los eslabones decorativos, los de unión y los discos colgantes son fabricados en series por los plateros y enlazados después.
Fragmentos de diferentes trariloncos dibujados en tamaño natural permiten formarse una idea más exacta de la estructura de sus elementos. Las placas decorativas, de formas rectangulares u ovaladas, de parte central maciza o vacía, tienen siempre una o dos aberturas para colgar los discos. Los eslabones de forma ovalada son parecidos, a veces, a una cifra de ocho prolongada y extendida, de contornos redondeados en ambas extremidades y almenadas en la región media




Los «Chahuay»
Los «chahuay» o zarcillos son adornos de plata que las araucanas llevan pendientes del lóbulo inferior de las orejas. Los más comunes son discoidales; los demás, campanuliformes, son conocidos con el nombre de «upul». Unos y otros son notables tanto por sus decoraciones como por su peso y sus grandes dimensiones. Algunos discoidales son compuestos y llevan varios pendientes menores; los «upul» se componen de una sola pieza. Los plateros fabrican los «chahuay», laminando la plata con el martillo o fundiéndola y vaciándola en moldes. Recortan las láminas con tijeras o cinceles para conseguir discos de contornos muy regulares:
Les hacen algunas aberturas centrales, guardando el debido paralelismo con los bordes y emparejan con limas las partes recortadas. Practican una abertura circular mayor en la región superior del «chahuay» para aislar un filamento de plata destinado a penetrar en la oreja.






Los «Siquel» y «Trapelacucha»
Los «siquel» (de chicull=cosquillas) y «trapelacucha» (de thapel=sarta y de acucha=aguja) son anchas cadenas de plata que las araucanas llevan en forma pectoral pendientes del «tupu» y del punzón. Los «siquel» se diferencias de los «trapelacucha» por su ancho dos
o tres veces mayor. Ambos son adornos de grandes dimensiones y de singular belleza. Su largo varía entre 30 y 35 centímetros y su ancho entre 3 y 10. Su peso alcanza hasta 500 gramos. La forma de las placas y de los eslabones de enlace, las decoraciones en relieve y las superficiales, los discos y flores colgantes, son de una gran variedad. En todos, la forma general es elegante, aún cuando las decoraciones superficiales sean descuidadas. En ellos aparecen aplicados con mucho arte los principios de repetición, de alternación y de simetría,



LOS TRARIPEL

(de trari=atar y pilco=cuello)

son collares de diferentes formas usados por las araucanas. Tienen un origen muy antiguo, según los datos recogidos de los viejos mapuches. Los primitivos, llamados «llancatos», se componían de varios filamentos en los cuales ensartaban piedrecitas verdes y azules consideradas preciosas por los indígenas.
Estos adornos parecen tener, lo mismo que la palabra llancato con que se los designa, un origen quichua. Las piedras de color fueron sustituidas con el tiempo por pequeñas cuentas de plata de forma prismática, atravesadas por un cordón de sostén.
El «llancato» tiene seis y más filamentos de longitud desigual, enteramente envueltos por las cuentas y reunidos por sus extremos. Colocado alrededor del cuello, los filamentos caen flojamente a distinta altura sobre el pecho y describen arcos plateados.



Punzones y «Tupu»
Los punzones son alfileres muy largos y de cabeza esférica con que las araucanas abrochan sus chamales. Los «tupu» son también alfileres de grandes dimensiones usados para los mismos fines que los punzones de los cuales difieren por una lámina circular como cabeza en lugar de esfera. Los «tupu» son más comunes actualmente que los punzones. Unos y Otros tienen un origen extranjero. Los indios de Bolivia usaban el «tupu» antes de los araucanos. Los punzones tan parecidos entre sí, son de dimensiones muy variadas; los más chicos tienen apenas diez centímetros de largo, con una esfera de grueso proporcionado, mientras que los más grandes alcanzan hasta 60 centímetros de largo con una esfera Los tupus son alfileres de dimensiones grandes que igual que los punzones sirven para prender el chamal pero se diferencian de este ultimo que en vez de una cabeza.esférica poseen una lámina circular.
de diez centímetros de diámetro La parte puntiaguda, dilatada cerca de la esfera, se prolonga hacia abajo en forma prismática; encima de la esfera aparece otra parte saliente torneada, terminada por una abertura de la cual pende una cruz.
Alfileres largos de cabeza esférica con que las mapuches abrochan sus chamales.




POLIQUI

Adorno femenino para la cabeza que se lleva en la frente y enroscada alrededor de los cabellos. A la altura de las orejas se amplía en forma de rosa y, más abajo, cuelgan varios tubos o cadenillas de plata.











Las Peleas



Todos los grupos humanos tienen conflictos de vez en cuando.

Aqui un par de vecinas se agarran del pelo a ver quien se rinde primero.

Las Machis


Las machis eran las médicas o curanderas entre los mapuches. Comúnmente ejercían este oficio las mujeres.

La machi en esta ceremonia aparece como una auxiliar del oficiante y entre los sones de su kultrung canta:
"Te rogamos que llueva para que produzcan las siembras, para que tengamos animales.
"Que llueve" diga usted Hombre Grande cabeza de Oro y usted. Mujer Grande rogamos a las dos grandes y antiguas personas."

El machitun, es un rito de sanación que fue descrito ya en el siglo XVI por Pineda y Bascuñan en su obra El Cautiverio Feliz. Es una ceremonia propiamente de la machi y que consta fundamentalmente de tres partes:
El diagnóstico de la enfermedad.su expulsión.
Una revelación sobrenatural sobre esta sanación.
En ella la machi realiza exámenes relativos a ciertos síntomas, evidencias del enfermo o por signos misteriosos que observaron éste o sus parientes; se supone que también podría haber sido contagiado un animal que se examina. También se hace el diagnóstico por revelación del más allá.
En la totalidad de este contexto, son importante los instrumentos utilizados por la machi. En esta como en otras ceremonias, utiliza el kultrung y hace uso del rewe, subiéndose a él y explicitando el viaje de su alma a la tierra de arriba

Alimentacion


Los mapuches vivían fundamentalmente del cultivo del maíz y de la papa, de los frutos silvestres, de la carne de guanaco y de la pesca. Cazaban animales mediante las boleadoras y la flecha y los pájaros por medio de trampas.
Pescaban con anzuelos de madera y de hueso y para ello se internaban en los ríos o en los lagos en pequeñas canoas. Con el maíz y las frutas preparaban bebidas alcohólicas. Los alimentos eran medios sancochados en ollas o fuentes de greda llenas de agua. El fuego lo producían por la frotación de dos palos, lo que originaba chispas que encendían un manojo de hierbas secas.Los piñones, las semillas de la Araucaria, forman parte, hasta el día de hoy, de la alimentación de los mapuches.

Viviendas


En el centro de los bosques y a la orilla de los arroyos, los mapuches construían sus sencillas habitaciones. Estas eran las rucas, verdaderos ranchos de techo de paja o de totora sostenidos por unos cuantos horcones enterrados en el suelo y unidos en su parte superior por otros palos colocados horizontalmente. Podía ser redonda o rectangular, contaba con varias entradas y, en su interior, estaba separada en diferentes piezas. No tenía ventanas.
En su centro se encontraba el fogón, donde se hacía el fuego para cocinar y calentarse en los días de invierno.